martes, 21 de abril de 2009

Vuelas, Arturo

Vuelas, Arturo,
vuelas
y piensas lo mejor
para tu pueblo.
Sabes que es imposible
dar contento
a cada uno,
pero a todos
sí se puede.

Vela el Rey
por la felicidad
de su gente,
pero ¿quién puede sospechar
que el rey está triste?

Unos lo creen sabio,
sin duda,
otros fuerte,
aunque viejo,
y por fin
otros le creen
tonto.

Con una amarga
sonrisa
en la boca.

No es tonto Arturo,
conoce bien quién
le engaña,
conoce la infidelidad
y la traición.
No es débil,
es bueno.
Mira ahora al fondo
del bosque
desde lo alto
de la torre
de su palacio.

Ginebra fornica
con Lanzarote,
el Grial en manos
de ladrones,
sus caballeros
pensando, jugando,
quién le sucederá.

La sabia barba
blanca brilla
un poco hacia la luna.

Un día acaba
y no hay dos iguales,
la jornada que no se prepara
el día antes
sale fallida.
Excálibur le recuerda
que él es el Rey.

Despierta Arturo,
no te duermas,
ten Camelot
en la cabeza,
fuerte.
Nunca nada es perdido
para alguien
noble y grande
como tú.

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