viernes, 3 de abril de 2009

El hijo de Arturo

Caballero Lanzarote,
mi caballero,
rogad por Arturo
en el momento
de su muerte

Cuando Excálibur
se hunda en su pecho
rogad por él, por mí,
por vos,
por nuestro hijo.

Eres hermoso, Lanzarote,
como una bella hogaza
de pan,
como el fruto prohibido
del mejor huerto.

Me gusta deshojar tu armadura,
acariciar tu muslo
blanco,
tu mirada de consuelo,
el estuche de tu fragancia.

Te he visto pelear,
Sir Lancelot,
y sé cómo lo haces.
Eres brillante
con la espada
y con la lanza,
rápido, brioso,
vibrante.

Lanzarote, poséeme
despacio como aquel día,
el primer mirar,
la verdad inerte
de nuestro amor.

Ponte aquí, mi amor,
que yo te conduzco
a mi pozo delicioso.
Te quiero tener
encima y debajo,
mi caballero,
leal asombro de mi amor.



Eduardo Martínez-Rico

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