sábado, 2 de mayo de 2009

El pequeño Arturo

Está en tu vientre,
Ginebra,
Lanzarote
lo toca,
ese hijo se engendró
en el fuego
y encarnará
la espada
de Camelot,
empuñará Excálibur.

Arturo reza
en su cámara.
Anhela a su hijo
que no es su hijo,
pero al que ama
ya como todos los padres
aman a todos los hijos.

Crecerá entre el mejor pueblo,
el mayor amor
lo acunará
y le enseñará a cabalgar.
El niño mostrará
su rostro
sabio,
los ojos claros de su madre
y el pelo negro
de su padre,
el caballero.

De Arturo,
pobre Rey,
tendrá todo lo que
no es su cuerpo,
la ropa,
los criados,
la riqueza.
¡Pobre Arturo,
el rey que no puede
engendrar,
el mariscal
que no puede luchar!

La cabeza de Camelot
necesita a todos
para hacer todo,
incluso engendrar
a un hijo.

Bautizo del pequeño
Arturo.
El padrino será Lanzarote
y la madrina
la hermosa mujer
que el Rey
le ha buscado
como esposa.

¿Se ha estabilizado
la Historia
en Camelot,
o acaso ha empezado
a estallar?


Eduardo Martínez-Rico

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