lunes, 18 de octubre de 2010

DE UN AMIGO A SU AMANTE




He salido de la noche, me he levantado entre el vapor para mirarte; he sido un dios de alas de bronce, todo para olvidarte. Fui pétalo, pluma, armadura, espada, viento del Norte. Fui espíritu, fui amor, mi nombre es Amor. Soy Amor.
Cuando tú me necesitas allá vuelo, por ti. Cuando me odias, me maldigo, cuando me reprendes enciendo mil castillos. Te he amado demasiado, te amo demasiado como para no rechazarte. ¿No ves? ¿Dónde vas? ¿Dónde vas con alguien que da rastros de tinta y mina allá por donde pasa, un hombre que sólo tiene su cuerpo, su mente, su alma. ¿Qué te puede ofrecer esta pluma pobre y ágil que no te den tantos como por allí hay y que tanto te suspiran?
Es mejor pensarlo. ¿Mejor ser amante que amado? Yo te amo, pero ¿tú me amas? ¿No será que te gusto demasiado como para amarme? ¿No será que por ser fruto prohibido me deseas? ¿No será, princesilla, que ves en mí un cuerpo y una lengua ágil, alguien entrenado para el amor y el deseo, el sexo y la lucha cuerpo a cuerpo, y no, mi amor, un hombre, un corazón, sencillo, que sencillamente te ama?
No me maltrates, que soy fuerte, no te rías de mis armas, no pidas lo imposible. Como tú hay muchas que me desean, muchas que me admiran. Las niñas suspiran por verme pasar delante de ellas. Me siguen por la calle. Me maravilla. Las madres me quieren para ellas, para sí mismas, las adolescentes ven en mí al héroe de sus películas. Las jóvenes, las jóvenes madres como tú, me traen y me llevan. No tengas prisa, corazón, no tengas mucha prisa, tenla muchísima, que ya me voy, que ya me vuelvo, que ya regreso, para partir, para llegar a otro puerto.

Eduardo Martínez-Rico, 2010
Foto E.M.R.

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