jueves, 11 de marzo de 2010

Universo

Cada noche nazco para ti, cada día sufro por ti. Siempre te amo, lucho y muero por ti. Te pienso, te imagino, te protejo. Mi mirada es tu capa, mis brazos tu cintura, mis oídos tu refugio. Cuando te tengo no te tengo, porque no se puede tener lo que es de uno, lo que es uno. Cuando te olvido no puedo olvidar, desnudo en tu vientre, fijos mis ojos en un lugar que no es de nadie, sólo de los dos. Cada noche nazco para ti para adorarte y que me adores, dioses de barro, carne y hueso, divinos y carnales, que encontraron su destino y en él se fundieron.


Eduardo Martínez-Rico

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