domingo, 7 de noviembre de 2010

Mi nombre es Amor





Hay un hilo de lágrima y oro
Que nos separa,
Duquesa.

Oro porque es distante,
Lágrima porque su aroma,
Salado y dulce,
Es cada vez más cercano.

“Prosaico.”

Un hilo,
Mar,
Nos separa,
Lágrima y oro...

“¿Poético?”

He escrito en ese hilo
La historia de tu nombre,
Oh duquesa.

“Qué hermosas son las palabras,
Tu boca,
Cuando no significan nada.

Duque,
De lágrima y oro
Hay un hilo...”

He escrito mi vergüenza,
Mi amor,
Ese hilo...

Duda.

He atado con él las sandalias
De tu hermosura.

“Y declamas...”

Desnuda,
Te he visto desnuda,
Esas sandalias,
El hilo de lágrima y oro.

Colapso.

¡Cuántas injusticias,
cuánta batalla
en ese hilo!

Desbandada.

¿De lágrima y oro?

Ya soy sereno,
Ya en mí soy,
Yo, no tú,
Poder que no es poder,
Libertad.

“Mediocre.”

Sí.
Pero tú no crees,
Alabanza,
En mi palabra,
Color negro,
Beso,
Hasta el fondo
amor.

Tus labios:
“Si, de nuevo amor,
despacio.”

Fuego,
Otra vez fuego.

No crees,
Alabanza,
Hermosa,
Hilo con el que até,
Sandalias de fuego,
Tus cabellos largos,
Hasta los pies llenos.

Decepción...
Tristeza.

Pero no crees,
Te crees diosa,
Diosa,
Y tu nombre
Ha generado tormentas
En los ojos
De los que vieron
Troya.

¿Por qué Troya?
Cualquiera vale para tu nombre,
Yo que te amo.

Troya es demasiado lejos
Para ti,
De lágrima y oro,
Barro de cieno vulgar y acero,
excelso.

Cieno.

Tú que provocaste todas las guerras,
Amánsame en tu recuerdo,
Falso,
Claro
Recuerdo.

Y di mi nombre.

“Por fin Amor.”

Eduardo Martínez-Rico, 2010
De mi libro "El paraíso está en la tierra".

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