lunes, 21 de junio de 2010

MI AMOR, MI VIDA, MI CUERPO


Mi amor, mi vida, aún no sé si te amo a ti sólo o amo a muchas mujeres. Mi amor, mi vida, qué rápido consumimos el corto tiempo que los dioses nos dieron para nuestro placer y embriaguez. Qué rápido toqué, acaricié, gocé tu cuerpo y tú el mío, qué rápido se escribió nuestra historia de amor, y qué esplendoroso fue su escenario. No lo valorábamos porque era nuestro paisaje, vivíamos en él, como vive el árbol, como vive el riachuelo. Tu coche era como un tren antiguo y tú disfrutabas conduciéndolo; yo no disfrutaba, porque bastante esfuerzo hacía en conducirlo bien, tan difícil, pero lo conseguía. Tus anécdotas, tus ocurrencias, tu pasado, tu sudor, tus jugos, nuestra forma de gozar, tan diferentes, tan y tan distintos, fue única. Detrás de ti hubo muchas mujeres; detrás de mí hubo muchos hombres, o jóvenes, o chicos, porque tú aún eras muy joven. Yo era joven, pero no ya tan joven. Estoy empezando a ser ese joven viejo que disfruta más en rememorar sus hazañas que en hacer otras nuevas. Ya cambiará todo. El mundo gira y en cada giro puede cambiar nuestra vida, aunque sea de forma pequeña, pero un cambio pequeño puede tener consecuencias grandes.
No lo sabíamos, pero hicimos de aquel verano, en tan poco tiempo, una obra maestra. Te veo con un bañador de nadadora, con un biquini que resalta tu moreno. Te veo leyendo un libro, con gafas de sol, en la zona de la piscina en la que no cubre, en la esquina, una imagen ideal para una campaña de fomento de la lectura.
Mi refugio, mi consuelo, mi pasión, es escribir, pero ¿por qué no puedo tener las dos cosas, mi escritura y tú? ¿Mi escritura no puede escribirte mientras te tiene, como hice aquella vez? Escribir sobre tu piel. Y yo, ¿qué te daba yo? Tú me dabas mucho, pero ¿qué te daba yo a ti? Juntos formábamos una pareja insólita y preciosa: el escritor y la aventurera. Siempre quise ser un hombre aventurero, y sólo algunas veces lo logré. Soy el aventurero del día a día. Éramos Apolo y Diana, la diosa de los bosques y de la caza, que en la mitología fueron hermanos, pero yo no quería, no quiero ser tu hermano. Yo quiero ser tu amor y amante, y tú un tiempo también quisiste serlo. ¿Por qué cambiaste de idea? Pienso que aún lo quieres ser. Estás invitada a este corazón, mi amor, mi vida, mi cuerpo.


Eduardo Martínez-Rico
Foto de E.M.R.
Publicado en el blog "Los días de Ícaro".

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