miércoles, 8 de julio de 2009

NOCHES DE LUNA LLENA


Las noches de luna llena,

son sueños ligeros de ropa,

verdades fundidas con dudas,

reflejos de plata en los lagos

que ojos, ávidos de roces,

le roban a la certidumbre.

En noches de luna llena,

pueden los cuentos creerse,

los besos esclavos, fugarse,

caricias fugaces posarse

sobre las pieles que adsorben

brillo alado y ceniciento.

Son noches de luna llena,

las que se adornan con versos,

las que evitan pronunciarse

sobre la culpa y el miedo

junto a hogueras deseosas

de almas nuevas, redimidas.

Yo canto a la luna llena

y bebo la luz uniforme,

tiendo mi cuerpo en la piedra

bajo su cara de incienso,

mientras sonríe y contesta

mis preguntas, silenciosa.


La inminencia en luna llena,
sabe a conjuro y distancia,
a ritos celestes sin nombre,
a mares con nombre, sin agua,
a gris persistencia encelada
en danza presente, infinita.
No debe la luna llena,
ser responsable de nada,
ni el odio, el amor o los celos,
darle vida o sentimiento,
a su girar rutinario,
no vaya a ser que nos piense.
No debe la luna llena,
hacer caso a tanto humano,
ni abandonar las mareas,
sólo ser mito y roquedo
gravitando exactamente
por las órbitas precisas.
Las noches de luna llena,
de expectación contenida,
pueden también disiparse
si se agitan demasiado.
Bueno es contar con la aurora
que las rinda y las despierte.

Norberto García Hernanz (06/06/09)

1 comentario:

  1. Decía mi abuela que la Luna tenía un balcón con una planta de azahar florida, si te asomabas a él, el mundo giraba según tus circunstancias: ¡y las veías!.
    ¿Tú también te asomas al balcón de la Luna?.
    Mi abuela también era poeta. Otro día os pongo una poesía de ella.
    Un saludo.

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