Estás nervioso,
Lanzarote,
antes del amor.
¿Qué te perturba,
querido?
¿Por qué estás así
cuando el mundo se abre
ante tus labios,
cuando yo te he traído
a mi lecho
para adiestrarme
en tu arte?
¿Qué te inquieta, dios,
cuando para mí
Quitarte la coraza,
es ser tu corazón
y acariciarte fuertemente,
lento en el bronce
de tu pecho,
es el cielo,
Lanzarote?
¿Por qué nervioso,
caballero,
funámbulo de la noche,
plata tersa
en la que se hunde
mi corona,
colgada,
húmeda,
en el fondo del bosque?
Eduardo Martínez-Rico
Punto de encuentro de los Profesores Poetas que colaboran habitualmente en el "Cuaderno de Profesores Poetas" editado por el IES "Fco Giner de los Ríos" de Segovia en España.
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viernes, 17 de abril de 2009
miércoles, 15 de abril de 2009
Fuente de la que brota
Fuente de la que brota fresca agua
Con el sabor dulce de la mañana,
Vierte sobre mi frente
Chorros que limpien
La tristeza de mis espejos oscuros y sin alma.
Agua que naces con olor a savia nueva
Escarba mas profundo
Para llegar a mi mirada,
Empápame
Hasta que se endurezcan mis alas,
Distrae con tu fluir,
Calmo y sin pausa,
Al duende de las espadas.
Rafael Pérez
Con el sabor dulce de la mañana,
Vierte sobre mi frente
Chorros que limpien
La tristeza de mis espejos oscuros y sin alma.
Agua que naces con olor a savia nueva
Escarba mas profundo
Para llegar a mi mirada,
Empápame
Hasta que se endurezcan mis alas,
Distrae con tu fluir,
Calmo y sin pausa,
Al duende de las espadas.
Rafael Pérez
El Cuento del Mar
Vuela sobre el mar el viento 
y le susurra al oido,
de un lejano país traido
algo que sonaba a cuento.
Escogió el agua el momento
y el Nenúfar consentido,
a sus mejores amigos
llamó al acontecimiento.
El Sol fue a participar
y se llevó a la Amapola,
linda, guapa y sin pintar.
Le guiñó a una Caracola
que la quiso despertar,
con el sonar de las olas.
Lía
Si alguna coma mal puesta, o algún punto más que falta. perdonen vos a la Maestra, que más que escribir, les canta.

y le susurra al oido,
de un lejano país traido
algo que sonaba a cuento.
Escogió el agua el momento
y el Nenúfar consentido,
a sus mejores amigos
llamó al acontecimiento.
El Sol fue a participar
y se llevó a la Amapola,
linda, guapa y sin pintar.
Le guiñó a una Caracola
que la quiso despertar,
con el sonar de las olas.
Lía
Si alguna coma mal puesta, o algún punto más que falta. perdonen vos a la Maestra, que más que escribir, les canta.
PUBLICACIÓN DEL V CUADERNO DE PROFESORES POETAS
lunes, 13 de abril de 2009
Palmeras en la noche
Palmeras en la noche,
Sol alto en la duna,
Reliquia del pasado,
Tu figura amaneciendo
Del mar,
Promesa en flor,
Vientre reflejado
En las mareas
De verano…
La luna es sombra
En tu pecho,
Delicado bostezo
Es tu pecho,
Mientras la luz roja
De tu centro
Salta en largas
Trenzas
De deseo.
Descansar a tu lado,
Ritmo desconocido
En la noche de verano,
Acompasada tu voz
En mi interior…
Rola la marea
En tu seno,
Amada, rica melodía,
Esplendor descendente,
Dorado, duro,
Terrible.
Eduardo Martínez-Rico
Sol alto en la duna,
Reliquia del pasado,
Tu figura amaneciendo
Del mar,
Promesa en flor,
Vientre reflejado
En las mareas
De verano…
La luna es sombra
En tu pecho,
Delicado bostezo
Es tu pecho,
Mientras la luz roja
De tu centro
Salta en largas
Trenzas
De deseo.
Descansar a tu lado,
Ritmo desconocido
En la noche de verano,
Acompasada tu voz
En mi interior…
Rola la marea
En tu seno,
Amada, rica melodía,
Esplendor descendente,
Dorado, duro,
Terrible.
Eduardo Martínez-Rico
Habla la yegua
De la profundidad
Surgió la espada
Y el lago quedó en calma
Con el hada
Flotando en la superficie
Del mal.
Una espada para un reino,
Un rey para Camelot
Y un caballero
Para la Reina.
Soy la yegua de Ginebra,
Su mejor amiga
Y consejera,
El fruto legendario
De su amor
Por Lancelot.
¿Cuántas veces no habré yo
Puesto mi grupa
Para su recreo,
En lo hondo del camino,
En el fondo del bosque?
Ella grita y Lancelot
Canta el día del éxtasis.
Mascullan placer
Para apoderarse de Camelot,
Pero luego lo abandonan,
Pues adoran a Arturo
Y son sólo sujetos del destino,
Fieles flechas
De un paraíso llamado Camelot.
Eduardo Martínez-Rico
Surgió la espada
Y el lago quedó en calma
Con el hada
Flotando en la superficie
Del mal.
Una espada para un reino,
Un rey para Camelot
Y un caballero
Para la Reina.
Soy la yegua de Ginebra,
Su mejor amiga
Y consejera,
El fruto legendario
De su amor
Por Lancelot.
¿Cuántas veces no habré yo
Puesto mi grupa
Para su recreo,
En lo hondo del camino,
En el fondo del bosque?
Ella grita y Lancelot
Canta el día del éxtasis.
Mascullan placer
Para apoderarse de Camelot,
Pero luego lo abandonan,
Pues adoran a Arturo
Y son sólo sujetos del destino,
Fieles flechas
De un paraíso llamado Camelot.
Eduardo Martínez-Rico
domingo, 12 de abril de 2009
Excálibur
Soy un Reino,
Un hombre, muchos hombres,
Una Reina, una mujer,
Soy un hierro en una piedra,
La ambición, la gloria
Y el poder.
Soy un sexo en un triángulo,
Soy mil caras en la mano.
Del acero del lago estoy forjada,
Tengo doble filo
Y corto por todos
mis lados.
Me sacan en procesión,
Me exhiben en bosques
Y palacios.
Mi color es el azul
Grisáceo,
Tengo poder de trueno
Y puedo sanar
Como un volcán.
Me llamo Excálibur
Y centelleo en la noche.
Tengo fulgores divinos
Y amo a Arturo:
Mi vaina es Ginebra,
La dulce, adúltera
Reina.
Mi primer Caballero
Es Sir Lancelot,
La pureza, la belleza,
La fortaleza.
Mirad cómo me muevo
En la mano
De un hombre noble.
Mirad mi símbolo
Cuando el pueblo me admira.
El pueblo soy yo,
Y yo soy el pueblo,
Porque Camelot nació
De mí, como la prole
Nace del pene.
Excálibur es mi nombre,
Zarandéame,
Pero no me maravilles:
Acabarás trinchado
Como un pavo.
Yo construí la Mesa Redonda,
Soy los brazos y la cabeza
De Arturo;
Su corona
Se hizo con mi metal.
Me llaman Excálibur,
Y soy mujer,
Pero no pienses
Que soy frágil.
Soy temible como la Pandora,
Fuerte y erecto,
Pacífica y terrible.
Empúñame con ganas y deseo,
Guíame por la senda
Del bien y del placer,
Que yo te daré felicidad.
Confía en mí, amor,
Camelot.
Eduardo Martínez-Rico
Un hombre, muchos hombres,
Una Reina, una mujer,
Soy un hierro en una piedra,
La ambición, la gloria
Y el poder.
Soy un sexo en un triángulo,
Soy mil caras en la mano.
Del acero del lago estoy forjada,
Tengo doble filo
Y corto por todos
mis lados.
Me sacan en procesión,
Me exhiben en bosques
Y palacios.
Mi color es el azul
Grisáceo,
Tengo poder de trueno
Y puedo sanar
Como un volcán.
Me llamo Excálibur
Y centelleo en la noche.
Tengo fulgores divinos
Y amo a Arturo:
Mi vaina es Ginebra,
La dulce, adúltera
Reina.
Mi primer Caballero
Es Sir Lancelot,
La pureza, la belleza,
La fortaleza.
Mirad cómo me muevo
En la mano
De un hombre noble.
Mirad mi símbolo
Cuando el pueblo me admira.
El pueblo soy yo,
Y yo soy el pueblo,
Porque Camelot nació
De mí, como la prole
Nace del pene.
Excálibur es mi nombre,
Zarandéame,
Pero no me maravilles:
Acabarás trinchado
Como un pavo.
Yo construí la Mesa Redonda,
Soy los brazos y la cabeza
De Arturo;
Su corona
Se hizo con mi metal.
Me llaman Excálibur,
Y soy mujer,
Pero no pienses
Que soy frágil.
Soy temible como la Pandora,
Fuerte y erecto,
Pacífica y terrible.
Empúñame con ganas y deseo,
Guíame por la senda
Del bien y del placer,
Que yo te daré felicidad.
Confía en mí, amor,
Camelot.
Eduardo Martínez-Rico
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